El Departamento de Defensa de Estados Unidos empleó una aeronave secreta camuflada como un avión civil en lo que habría sido su primer ataque directo contra una embarcación acusada de narcotráfico, operación que dejó 11 personas muertas en septiembre pasado, según revelaron funcionarios con conocimiento del caso.
De acuerdo con estas fuentes, el avión no solo carecía de una apariencia militar visible, sino que además llevaba el armamento oculto dentro del fuselaje, en lugar de montarlo bajo las alas, como es habitual en aeronaves de combate.
Este detalle ha generado fuertes cuestionamientos legales. Especialistas en derecho internacional señalan que el uso de una aeronave con apariencia civil resulta especialmente problemático, ya que el gobierno del entonces presidente Donald Trump sostuvo que estos ataques eran legales al considerar que Estados Unidos se encontraba en un “conflicto armado” con los cárteles de la droga.
Sin embargo, las normas del derecho internacional humanitario prohíben que fuerzas combatientes se hagan pasar por civiles con el fin de engañar al enemigo y atacarlo cuando baja la guardia. Esta práctica es conocida como “perfidia” y está catalogada como crimen de guerra.
El general retirado Steven J. Lepper, ex fiscal general adjunto de la Fuerza Aérea estadounidense, explicó que si la aeronave fue deliberadamente pintada para ocultar su carácter militar y se acercó lo suficiente como para ser vista por los ocupantes de la embarcación, el ataque violaría las leyes de los conflictos armados.
“Ocultar la identidad es un elemento central de la perfidia”, afirmó Lepper. “Si una aeronave no puede ser identificada como combatiente, no debería participar en acciones de combate”.
Según los funcionarios, el avión descendió a una altura que permitió que las personas a bordo lo observaran claramente. La embarcación incluso habría cambiado de rumbo y regresado hacia Venezuela tras detectar la presencia de la aeronave, antes de que se produjera el primer ataque.
Posteriormente, dos personas que sobrevivieron a la explosión inicial lograron subirse a restos del casco y, aparentemente, hicieron señas al avión. Aun así, fueron abatidas en un segundo ataque que también destruyó los restos de la nave. No está claro si los sobrevivientes comprendieron que la explosión inicial había sido causada por un misil.
Tras este incidente, las fuerzas armadas estadounidenses modificaron su estrategia y comenzaron a utilizar aeronaves claramente identificables como militares, incluidos drones MQ-9 Reaper, aunque no se ha precisado si estos volaron a una altura visible desde las embarcaciones.
En un ataque ocurrido en octubre, dos sobrevivientes de una acción similar lograron nadar lejos de los restos de su nave y evitar un segundo bombardeo. Posteriormente, fueron rescatados por las fuerzas estadounidenses y repatriados a Colombia y Ecuador.










