Con más de 15 años de experiencia en la crianza y cuidado de niños, Erika Zambrano busca compartir herramientas prácticas para ayudar a padres y cuidadores a educar con amor, disciplina, comunicación y consistencia.
“Convertirnos en un buen ejemplo para la sociedad y para las generaciones futuras” es uno de los principales propósitos de Erika Zambrano, quien durante más de 15 años ha dedicado parte de su vida a la crianza y cuidado de niños.
Su experiencia comenzó mucho antes de convertirse en madre. Desde pequeña observaba cómo su madre, abuela y tías criaban a sus hijos y sobrinos. Aunque reconoce que recibió importantes valores y enseñanzas que aún conserva, también pudo identificar prácticas de crianza basadas en el miedo, la presión o la coacción que, en ocasiones, podían generar más heridas emocionales que aprendizajes.
Esa observación la llevó a desarrollar una visión diferente. Cuando tuvo a su primer hijo, a los 18 años, decidió conservar los valores positivos que había recibido de su familia, pero buscar nuevas maneras de educar y comunicarse con sus hijos.
“Cada familia tiene sus costumbres y su cultura. No se trata de rechazar nuestras raíces, sino de conservar lo bueno y tener la valentía de mejorar aquello que ya no funciona”, explica Zambrano.
El futuro del que hablaba su abuelo ya llegó
Una de las frases que más ha influido en su visión sobre la crianza fue una que repetía su abuelo alrededor de 1989: “Los niños de hoy serán los hombres y las mujeres del futuro”.
Para Erika, ese futuro ya llegó. Los niños de las décadas de los ochenta y noventa son hoy los adultos que forman familias, toman decisiones y construyen la sociedad.
Por eso considera que la educación que reciben los niños en sus primeros años tiene una importancia fundamental.
“Si queremos un mundo mejor, debemos comenzar por la manera en que cuidamos y educamos a los niños de hoy, porque ellos serán quienes construyan nuestro futuro”, afirma.
Disciplina con amor, límites y consistencia
A lo largo de los años, Erika también ha trabajado directamente con niños, llegando a tener bajo su responsabilidad a más de diez menores de edades similares al mismo tiempo. Esta experiencia le permitió comprobar que los niños pueden aprender rutinas, buenos modales, disciplina y habilidades para la vida cotidiana cuando reciben una orientación clara y consistente.
Para Zambrano, disciplina no significa castigo ni miedo. Significa establecer rutinas, comunicar claramente lo que se espera del niño y mantener límites de manera constante.
“La rutina brinda seguridad, la disciplina enseña responsabilidad y el ejemplo del adulto le muestra al niño cómo comportarse”, señala.
Su propuesta también contempla la importancia de establecer rutinas desde los primeros meses de vida, siempre respetando las capacidades y necesidades de cada etapa del desarrollo.
Una experiencia que comenzó en casa
Uno de los recuerdos que más orgullo le genera como madre ocurrió cuando su hijo mayor estaba en la escuela secundaria. Los directores de la institución la contactaban cada año y, en una ocasión, Erika pensó que se trataba de algún problema relacionado con su hijo.
Sin embargo, recibió una felicitación. Uno de los directores destacó que había criado a un joven respetuoso, responsable y con buenos valores, e incluso expresó que deseaba que sus propios hijos llegaran a ser como él.
Para Erika, aquella experiencia confirmó la importancia del ejemplo y de la educación que comienza en el hogar.
Hoy busca compartir lo aprendido con otros padres, madres, abuelos y cuidadores, ofreciendo herramientas relacionadas con la convivencia, los modales, el comportamiento, las rutinas y las situaciones cotidianas que forman parte de la vida de un niño.
Criar mejor para construir un mundo mejor
Zambrano reconoce que no existe una crianza perfecta. Sin embargo, considera que los adultos pueden aprender, observar sus propios errores y encontrar nuevas maneras de educar.
“Podemos conservar las buenas enseñanzas de nuestras familias sin repetir aquello que nos hizo daño”, sostiene.
Su propósito es contribuir a que más familias comprendan que criar no consiste únicamente en corregir comportamientos, sino en preparar a un ser humano para enfrentar la vida con valores, responsabilidad y seguridad.
Con esta visión, Erika Zambrano busca convertirse en una voz de apoyo para las familias que desean criar de una manera más consciente, práctica y funcional, convencida de que los niños de hoy representan la sociedad que tendremos mañana.











