Por Olga María Guzmán Ruíz
La elección de un juez/a especializado en Familia y Niños, Niñas y Adolescentes para integrar la Suprema Corte de Justicia no es solo conveniente; es necesaria.
El sistema jurídico dominicano exige decisiones de alto nivel que respeten el interés superior del niño, apliquen acciones afirmativas y salvaguarden derechos fundamentales como la dignidad humana, la libertad, la integridad y el desarrollo pleno. Estos principios no pueden interpretarse adecuadamente sin la mirada técnica y humana que aporta un juez/a formado en materia familiar y de niñez.
Los procesos que involucran NNyA son profundamente distintos a los de adultos; requieren un enfoque protector, manejo especializado del lenguaje, comprensión de la psicología,experiencia en Cámara Gesell y Cámara de Consejo y del impacto emocional de cada actuación judicial.
Solo un juez/a con trayectoria en esta materia puede garantizar que esas decisiones superiores se tomen desde la sensibilidad, la técnica y la responsabilidad que demanda la Constitución y la Convención sobre los Derechos del Niño.
La Suprema Corte necesita voces que entiendan de manera integral la realidad familiar, los conflictos parentales, la violencia contra la niñez, los riesgos de revictimización, la polivictimización, la aplicación de medidas socioeducativas y la importancia de proteger a los más vulnerables dentro del sistema judicial. Estas competencias no se improvisan; son fruto de años de práctica, formación y compromiso ético.
Por todo ello, seleccionar un juez/a especializado en Familia y NNyA fortalece la justicia, eleva la calidad de la interpretación constitucional y garantiza que las decisiones de mayor jerarquía reflejen el estándar más alto de protección y humanidad. Es una decisión jurídica, institucional y moralmente correcta. Y es, además, una deuda con la niñez dominicana.
La autora es Jueza miembro de la Corte de Apelación de NNyA del Departamento Judicial de San Cristóbal, R.D.











