¿Es Sri Lanka, las calles sórdidas de Bombay, los basureros putrefactos de Haití, donde la vida se confunde con las bacterias, y epidemias, o las callejas desamparadas de los barrios mexicanos?
No! DOMINICANOS, se trata del centro pleno de la Capital, del Distrito Nacional, que comprende la intersección de las Avenidas Independencia, Luperón y la George Washington, a la altura del Kilómetro 12, conectadas por un elevado que desemboca a la autopista 30 de mayo.
En esa zona está ubicado un enorme centro comercial, la Plaza Luperón, donde funcionan nada menos que La Sirena, y el BHD entre otras importantes firmas y marcas comerciales.
Pero todo ese desastre de basura, restos malolientes, de trapos, heces fecales, comidas, fritangas y plásticos, no provienen de los negocios de esa Plaza. Todo lo contrario, ya a esos negocios hasta está dejando de acudir la gente, ante el hacinamiento, la inseguridad, el sucio, el irrespeto, y hasta por la falta de espacio para caminar, menos para estacionar, porque todo está controlado por los haitianos, dueños de esta zona.
Señores, porque ya no solo es la Basílica de Higuey, como pronto será la Catedral, y el Mirador, y cualquier otro sector, monumento o zona pública, que sirva al establecimiento sin control de estas masas humanas invasoras, entre las que cohabitan dominicanos de la marginalidad, protegidos de la clientela, y los Haitianos purulentos que están inundando la República.
Pronto seremos un estercolero humano, abarrotado de miseria, hundido en la violencia, la inseguridad, y el caos, por culpa de nuestra propia indiferencia y complicidad indolente.
Como entender esta pulga haitiana, donde las mencionadas avenidas y calles pasan a convertirse en algo menos que letrinas de inmundicias, donde la autoridad pública, simplemente no existe.
Vean por ustedes mismos. Esas fotos que muestran esa patética realidad, ese escenario que parece una zona en ruinas, donde la civilidad humana se ha extinguido por completo, fueron tomadas personalmente por el suscrito. Lo que allí se verifica, es peor que lo que muestra la cámara del móvil. Aquello da espanto, y rabia, pero sobre todo nos provoca una sensación de derrota, de tristeza, y desolación.
Más de un kilómetro a lo largo, hasta el edificio que aloja el mismo Ministerio de Medio Ambiente, se desarrolla este espectacular paisaje, que está borrando calles y aceras, repletas de basuras y desperdicios, donde los plásticos sucios, despojos de mercancías, restos de comida, y plagas, campean por los aires, y donde los ocupantes haitianos, han instalado sus tarantines y trapos, cocinas, y letrinas, a plena luz del día, en aceras que ya no existen, tomando posesión del área pública.
Mañana veremos a los Síndicos responsables del área, Francisco Peña, y David Collado, hablando de sus bondades, y obras en beneficio de la ciudad.
Roberto Marchena ni se entera. Por tanto el Presidente, no sabrá nada. Para el gobierno esto es, «movilidad económica», y «lucha contra la pobreza».
Nuestro pueblo, nuestra clase media, otrora bastión de la conciencia nacional, esta postrada, inerte, atomizada e intervenida.











