Niños superdotados en las escuelas: ¿has escuchado hablar de ellos? No se trata únicamente de estudiantes que sacan buenas notas. Son niños y niñas que piensan de forma diferente, aprenden con rapidez, hacen preguntas constantemente, muestran una gran creatividad y desarrollan un pensamiento crítico desde edades tempranas.
En República Dominicana, un niño con altas capacidades es aquel que muestra un potencial intelectual, creativo, artístico o de liderazgo muy superior al promedio, presentando en algunos casos un coeficiente intelectual igual o superior a 130, aunque este no es el único indicador. También existen niños con altas capacidades que, al mismo tiempo, presentan condiciones como el Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH) o trastornos del espectro autista (TEA), lo que puede hacerlos aún más invisibles dentro del aula.
Uno de los principales problemas es que el sistema educativo, en general, está diseñado para un estudiante promedio. Por esta razón, muchos niños con altas capacidades se pierden en clases que no responden a su ritmo ni a su forma de aprender. Algunos se aburren, otros se desconectan y, en ciertos casos, su comportamiento es malinterpretado como falta de interés o indisciplina. Muchos de estos estudiantes pasan por las aulas sin que nadie llegue a identificar realmente su talento, cuando en realidad lo que necesitan es una atención educativa diferenciada, con un currículo más flexible y adaptado a sus capacidades.
Un dato reciente confirma esta realidad: el Ministerio de Educación (MINERD) ha identificado a 95 estudiantes con capacidades excepcionales en escuelas públicas del país. Si bien este dato representa un avance importante, también plantea una pregunta inevitable: ¿cuántos niños y niñas con altas capacidades permanecen aún sin ser detectados dentro del sistema educativo nacional?
Y aquí aparece otro, y quizá el mayor desafío: detectarlos dentro del aula. Para muchos docentes, identificar a estudiantes con altas capacidades no es sencillo, no por falta de interés o compromiso, sino porque no han recibido la formación necesaria para reconocer estos perfiles ni para aplicar estrategias pedagógicas diferenciadas. El docente actual está formado para enseñar a un estudiante promedio. Como resultado, muchos niños pasan desapercibidos, no porque no tengan talento, sino porque el aula y el centro educativo no siempre saben cómo responder a sus necesidades.
En los últimos años, han empezado a pasar cosas buenas. El Ministerio de Educación (MINERD), a través de su Dirección de Educación Especial, responsable de impulsar políticas y programas desde una mirada de educación inclusiva para garantizar el acceso, la permanencia y el aprendizaje de estudiantes con necesidades educativas específicas, ha venido reafirmando su compromiso con esta población. Con el impulso de su directora, Lucía Vásquez, y de técnicos nacionales como Billy Zarzuela, se ha promovido con más fuerza la necesidad de una atención clara y diferenciada para niños y niñas con altas capacidades intelectuales. Como parte de este trabajo, el año pasado se organizó el primer congreso sobre “Identificación y apoyo educativo al alumnado con altas capacidades”, que logró poner el tema sobre la mesa y reunir a docentes, especialistas y autoridades para hablar, por fin, de lo que se necesita en las aulas.
A esto se suman iniciativas como el taller “Comprendiendo las altas capacidades: claves para su identificación y atención”, realizado por el Centro de Atención Integral para la Discapacidad (CAID) y dirigido a técnicos regionales y distritales del MINERD, con jornadas en Santo Domingo Este, Santo Domingo Oeste y Santiago. Además, se puso en marcha el proyecto de Altas Capacidades Intelectuales, en articulación con el MINERD, orientado a responder a las necesidades educativas y terapéuticas de niños con altas capacidades que presentan comorbilidad con trastorno del espectro autista (TEA), una realidad poco visibilizada, pero presente en nuestras escuelas.
Por otro lado, el tema también ha llegado al Congreso Nacional. El senador por la provincia de Hato Mayor, Cristóbal Castillo, sometió un proyecto de ley sobre la educación de niños, niñas y adolescentes con altas capacidades intelectuales, con el objetivo de declarar este tema de interés nacional. La iniciativa parte de una realidad clara: en el país no existe una educación pensada para que estos estudiantes desarrollen plenamente sus habilidades científicas, técnicas, artísticas y de pensamiento crítico. El proyecto propone que el Ministerio de Educación cree un programa especial con lineamientos flexibles y apoyo de especialistas, centrado en el estudiante y no limitado por la edad ni por calificaciones previas, sino por el talento. También plantea la creación de un registro nacional que permita dar seguimiento a su trayectoria educativa y profesional. Este proyecto de ley fue enviado para su estudio y debate a la Comisión de Educación de la Cámara Alta.
Más allá de proyectos, talleres o congresos, el simple hecho de que hoy se hable de altas capacidades ya es un avance. Por primera vez, el tema empieza a verse como una responsabilidad del Estado y no como algo complicado o reservado para unos pocos.
Reconocer y atender el talento de los estudiantes es una responsabilidad del sistema educativo. En cada aula puede haber un niño o una niña esperando ser visto y retado. El desafío ahora es que estos avances se traduzcan en una política pública sostenida que fortalezca la detección temprana, forme a los docentes y los acompañe a lo largo del tiempo, porque cuando se desaprovecha, la pérdida es de todos y, sobre todo, de nuestros niños. La normativa en República Dominicana es sólida; lo que nos hace falta es llevarla a la práctica.











