Por : Fundación Derechos Humanos Global
El honor no es un título que se cuelga en una pared, ni un protocolo que se cumple en las sesiones: el honor es el compromiso de cumplir con quien te eligió. Y es doloroso decirlo, pero el Senado de la República ha perdido toda su honorabilidad.
La gente ve cómo se aprueban préstamos millonarios que comprometen el futuro de todos, mientras las necesidades más urgentes siguen totalmente abandonadas:
* Niños en vulnerabilidad que recorren las calles en lugar de estar en un salón de clases aprendiendo.
* Adultos mayores sin ayudas, que a veces no tienen ni lo mínimo para llevarse comida a la boca.
* Personas con discapacidad sin pensión digna, que no pueden asistir a rehabilitación porque no cuentan ni con dinero para el pasaje.
* Policlínicas construidas que no son más que cajas vacías, sin equipamiento ni personal, violando descaradamente el derecho a la salud.
* Estudiantes que reciben clases en funerarias y enramadas, sin las condiciones mínimas ni seguridad para formarse.
Una institución deja de ser honorable cuando sus decisiones no responden al bien común. El Senado perdió su honorabilidad el día que dejó de cumplirle al pueblo. No se puede hablar de dignidad para el país si se ignora la dignidad de quienes más necesitan.
Recuperar el honor está en sus manos: pongan los recursos donde hace falta, cumplan lo prometido y no vuelvan a dar la espalda a los dominicanos.
«El honor se paga con hechos, no con deudas que cargan los que menos tienen; tienen dinero para todo sus lujos, menos para darle dignidad al pueblo dominicano .»












