Mabell Peguero atraviesa una etapa de regreso activo a los escenarios, marcada por la madurez artística y una visión clara de lo que quiere construir. Tras años de trayectoria y una pausa que redefinió su camino, la artista apuesta hoy por consolidar un proyecto que integre música, emoción y presencia escénica, con la intención de que cada presentación deje huella en el público.
Para muchos, su nombre está ligado a Las Espectaculares Chicas del Can, agrupación con la que formó parte del primer y único proyecto de merengue integrado únicamente por mujeres cantantes e instrumentistas. Aquella etapa le dio proyección internacional y la conectó con un legado que aún resuena en el público, y que hoy dialoga con una artista que vuelve con más conciencia y otra mirada sobre el oficio.
Cantante, bailarina y cantautora, Mabell ha construido su camino entre el folklore dominicano, la disciplina de la danza clásica y una propuesta actual centrada en la conexión emocional. No se trata de volver desde la nostalgia, sino desde la experiencia y una formación sólida que le permitió sostenerse incluso durante una pausa de 17 años y reencontrarse con el oficio desde otro lugar.
“Más que descubrirlo, siempre he sentido que el arte nació conmigo”, afirma al hablar de sus inicios. No lo plantea como una decisión tomada con el tiempo, sino como una vocación temprana que la acompañó desde la infancia y que dio forma a una carrera marcada por el respeto al escenario y la coherencia artística.
Esa base —forjada entre estudios formales, escenarios internacionales y años de trabajo constante— es la que hoy sostiene su regreso. La artista, a quien recientemente se vio sobre el escenario en el exitoso espectáculo El Reencuentro, asume esta etapa con más conciencia y otra mirada sobre su vocación.
¿Cómo has vivido, desde dentro, “El Reencuentro”? El Reencuentro ha sido un regalo y un despertar. Agradezco profundamente a Tueska, porque Dios tocó su corazón para hacer realidad esta idea tan poderosa. Volver a conectar con compañeras de mi etapa y conocer a mujeres que hicieron historia antes que yo —como la pionera del proyecto, la maestra Belkys Concepción; Teresa; Juana La Cubana en los años 80; y las monumentales Grisell, Michell y Florangel, integrantes de los años 90— ha sido una experiencia transformadora. Unirnos en cuerpo, alma y memoria me ha enseñado a vivir mi carrera con más gratitud, conciencia y orgullo.
¿Qué te dejó tu etapa en el Hotel Jaragua? El Hotel Jaragua fue una verdadera cuna artística en la República Dominicana. Siempre digo que es como empezar en el preescolar y salir con las bases que luego aplicas en la universidad del arte. Ahí se forma el carácter, el oído y la conexión real con el público. Además, me regaló amistades auténticas como Blas (El Blachy), Kelvin —quien hoy triunfa en España— y muchos otros artistas que aman el arte con la misma entrega. Esa etapa me enseñó constancia, humildad y verdad escénica.
¿Qué buscas provocar en el público con tu propuesta musical actual? Hoy busco crear una experiencia. Que el público no solo escuche música, sino que la viva. Me interesa provocar emoción, cercanía y bienestar, adaptándome al espacio y al tipo de audiencia. Cada presentación está pensada para conectar, elevar la energía del lugar y dejar una sensación memorable. Quiero que el público salga distinto a cómo llegó: más ligero, más vivo, más consciente de lo que siente.
Te mueves con naturalidad entre géneros como merengue, bachata, salsa, balada, bolero y jazz. ¿Cómo decides qué contar y desde qué ritmo hacerlo? Siempre parto de la emoción. Cada historia pide su propio ritmo y color. Hay emociones que solo caben en un bolero, otras que necesitan la alegría del merengue o la sensualidad de la bachata. Para mí, los géneros son lenguajes al servicio del sentimiento; cada uno es una herramienta para conectar con distintos públicos. Elijo el ritmo según la emoción que quiero transmitir y el contexto del evento. Esa versatilidad me permite moverme con fluidez entre celebraciones, espacios íntimos o escenarios corporativos, siempre manteniendo una identidad clara y cuidada.
Como cantautora, ¿en qué etapa creativa te encuentras ahora mismo y qué temas o emociones están marcando tus composiciones? Me encuentro en una etapa creativa muy consciente y enfocada. Estoy desarrollando música que conecta desde la emoción, pero también desde la madurez artística. Mis composiciones hablan de renacer, fortaleza y amor propio, temas universales que funcionan tanto en lo personal como en experiencias pensadas para distintos públicos.
Después de una trayectoria tan diversa, ¿qué te sigue retando como artista? Seguir siendo fiel a mí misma. No acomodarme, no repetirme, no cantar desde el piloto automático. Mi mayor reto es crecer sin perder la esencia, evolucionar sin desconectarme de la emoción y seguir entregando verdad en cada escenario.
En lo inmediato, ¿qué proyectos o presentaciones ocupan tu agenda y tu energía en este momento? En este momento estoy enfocada en proyectos que celebran mi historia y, al mismo tiempo, abren una nueva etapa artística. Presentaciones que apuestan por la conexión, colaboraciones significativas y la construcción de una propuesta escénica más íntima, elegante y emocionalmente poderosa.
¿Hay algún sueño artístico que aún no hayas realizado y que sientas que este es el momento de perseguir? Sí. Consolidar mi proyecto como una experiencia artística integral, donde música, emoción y presencia escénica se encuentren. Sentir que cada presentación es un acto de verdad y dejar un legado que inspire a otras mujeres artistas a creer en sus procesos, incluso después de las pausas.
Si hoy tuvieras que definirte más allá de los escenarios y los aplausos, ¿quién es Mabell Peguero en esta etapa de su vida? Soy una mujer en paz con su historia. Una artista agradecida, consciente y en constante evolución. Más allá del escenario, soy alguien que cree profundamente en el poder de la emoción, del amor propio y de la autenticidad. Hoy vivo con más intención, más gratitud y más conexión conmigo misma.












