Los familiares del extinto Médico Eduardo Generoso Perez, quien resultó asesinado por parte de empleados, denunciaron que desde el Jueves en la mañana, fueron al destacamento de la Policía Nacional en el municipio de Villa Isabela a poner la denuncia sobre la desaparición de su pariente y allí se negaron a recibirla.
Por lo tanto se quejan de que esa traba impidió que los asesinos fueran apresados días antes y de que los cuerpos fueran recuperados desde el jueves y no el sábado siguiente en la noche como sucedió, lo que podía también permitirles a sus asesinos que escaparan por procedimientos tan absurdos que se traducen en complicidad.
Dicen los familiares que el sábado, 5 días después de que en la Policía se negó 2 veces a recibir la denuncia, ellos mismos junto a un policía apresaron al asesino Juan Alberto Perdomo Vargas, mientras compartía con varias personas en la comunidad de Estero Hondo y en el vehículo de los familiares lo montaron y fueron a la vivienda del occiso y allí este empezó fríamente a darles detalles del asesinato y a mostrar el lugar de la ejecución sin inmutarse.
Acto seguido entregó la escopeta, la cedula y la pistola del occiso, los llevo donde quemaron los cuerpos y justo allí es cuando se inicia el descubrimiento de todo lo sucedido, en vez de haber sido el mismo martes.
También establecen que tanto el alcalde como todo el que compró las vacas robadas deben ser sometidos a la justicia, porque el que compró los animales robados también es cómplice de los hechos y así se sabrá mejor la participación de cada uno en el asesinato.
Estos claman porque este tipo de asesinatos tan despiadados sean contemplados en el Código Penal para que estos criminales no puedan salir de prisión, como habrá de suceder en este caso que dentro de 30 años saldrían en libertad.
Los familiares de los occisos agradecen a todo el país, más aún a los medios de prensa la solidaridad y el seguimiento dado a tan grave tragedia que enluta a ambas familias y a todo el país, más aún por haber muerto en circunstancias inhumanas como matarlos a palos, quemarlos durante 4 días hasta desintegrarlos y enterrar sus huesos en el lugar.
Los restos se encuentran en el Instituto Nacional de Ciencias Forenses (Inacif) en Santiago haciéndoles las experticias de rigor para luego ser entregados a los familiares, quien avisaran sobre las exequias fúnebres.








