Por Rommel Santos Diaz
El panorama mundial de la construcción de la paz atraviesa una grave crisis política e institucional. Mientras los líderes mundiales buscan marcos y acuerdos para poner fin a las guerras, las estructuras internacionales tradicionales diseñadas para salvaguardar los acuerdos de paz a retrocesos sistemáticos, escasez de fondos y escepticismo político.
Los acuerdos de paz en curso en todo el mundo corren el riesgo de desaparecer debido a que se necesitan enfoques más para monitorear y facilitar un proceso sostenido de implementación y adaptación si se quiere que los acuerdos se concretice en una paz duradera.
Las investigaciones demuestran que los mecanismos integrados de resolución de conflictos y el monitoreo y la verificación por parte de terceros pueden aumentar los indicadores de éxito de los acuerdos de paz.
En el contexto actual de austeridad institucional global y fragmentación geopolítica, la práctica de la paz contemporánea debe lidiar con una vulnerabilidad crítica adicional: la falta de un entendimiento compartido, transparente y mutuamente aceptado sobre el proyecto de la implementación entre las partes firmantes.
El lenguaje ambiguo y las interpretaciones divergentes a menudo permiten a los actores políticos instrumentalizar los retrasos en la implementación de los acuerdos de paz, alimentando la polarización y aumentando el riesgo de recurrencia del conflicto.
En un círculo vicioso la ausencia de observadores externos que brindan al público una comunicación transparente sobre el estado de la implementación, agrava la falta de conocimiento sobre los desafíos de la misma.
La falta de claridad y transparencia en la implementación de los acuerdos de paz contribuye a un escenario político ya volátil que favorece los acuerdos de paz minimalistas, con gran parte del contenido centrado en disposiciones de seguridad y poca consideración por la inclusión de la sociedad civil y las dinámicas más amplias del conflicto.










