Pocas veces un proceso institucional en la República Dominicana ha sido objeto de una campaña de desinformación tan intensa como la renovación de la cédula de identidad y electoral que lleva a cabo la Junta Central Electoral.
Antes de iniciar la entrega del nuevo documento y durante gran parte del proceso, las redes sociales se convirtieron en el escenario perfecto para la difusión de rumores, falsedades y acusaciones irresponsables. Se afirmó, sin presentar una sola prueba, que la nueva cédula sería impresa por una empresa haitiana; que los datos biométricos de los dominicanos serían entregados a intereses extranjeros; que el documento contenía mecanismos para vigilar a los ciudadanos; que la fotografía en blanco y negro escondía un propósito inconfesable y, peor aún, que el Escudo Nacional había sido alterado para eliminar la Santa Biblia.
Nada de eso era cierto.
La realidad es que la Junta Central Electoral adjudicó el proceso de impresión de la nueva cédula al consorcio EMDOC, tras el procedimiento de licitación correspondiente. Sin embargo, sectores interesados distorsionaron esa información para hacer creer a la población, sin pruebas, que una empresa haitiana sería la responsable de imprimir el documento de identidad de los dominicanos.
Mientras algunos se dedicaban a fabricar mentiras para obtener notoriedad, «views» y «likes» en las redes sociales, la Junta Central Electoral respondió con hechos, transparencia y responsabilidad. Su presidente, Román Jáquez Liranzo, nunca rehuyó las preguntas ni el debate público. Por el contrario, compareció cuantas veces fue necesario para explicar las razones técnicas de cada decisión y desmentir, con argumentos y evidencias, las falsedades que pretendían sembrar incertidumbre en la población.
Los resultados hablan por sí solos. Dos millones de dominicanos han acudido con entusiasmo y confianza a los centros de cedulación, comprobando la calidad, seguridad y modernidad del nuevo documento. Han podido verificar que la fotografía en blanco y negro responde a estándares internacionales de identificación biométrica y que el Escudo Nacional conserva intactos todos sus elementos, incluida la Santa Biblia, desmontando así otra de las tantas mentiras difundidas por quienes apostaban al fracaso del proceso.
Pero este logro no significa que la misión haya concluido. El proceso de renovación de la cédula continúa, y es deber de todos los ciudadanos acudir a los centros de cedulación para obtener este moderno y seguro documento de identidad. Cada nuevo dominicano cedulado constituye una nueva victoria de la institucionalidad, de la organización y de la confianza en la Junta Central Electoral.
Hoy corresponde reconocer el extraordinario trabajo realizado por el presidente Román Jáquez Liranzo, por los miembros titulares y suplentes del Pleno de la Junta Central Electoral, así como por directores, técnicos, encargados, supervisores, auxiliares y todo el personal que, con entrega y profesionalismo, ha convertido esta jornada de cedulación en un verdadero ejemplo de eficiencia institucional.
La crítica seria siempre será bienvenida en una democracia. Lo que nunca debe tener cabida es la manipulación deliberada, la mentira disfrazada de información y la irresponsabilidad de quienes intentan desacreditar instituciones sin presentar una sola evidencia.
La República Dominicana ha sido testigo de una gran lección: cuando una institución trabaja con planificación, transparencia y compromiso, la verdad termina imponiéndose sobre la mentira.
La nueva cédula no solo representa un documento de identidad más moderno y seguro; representa también la victoria de la institucionalidad sobre la desinformación, del trabajo responsable sobre la propaganda malintencionada y de los hechos sobre las falsedades.
A la Junta Central Electoral, a su presidente Román Jáquez Liranzo, a los miembros del Pleno y a cada servidor que participa en este histórico proceso, les corresponde el reconocimiento de la nación. Y a los ciudadanos que aún no han renovado su documento, el llamado es claro: acudan a los centros de cedulación y formen parte de este exitoso proceso que continúa escribiendo una nueva página en la historia institucional de la República Dominicana.












