Anoche no pude dormir pensando en lo sucedido en el Jet Set y mi cerebro se fue tan lejos, que lo que maquinaba me dio mucho pánico.
Primero pensé que, lo acontecido fue un caso aislado, en un edifico de una sola planta y hoy jueves han pasado 3 días y la labor de rescate aún no termina.
Y aquí fue donde mi mente me traicionó con las siguientes preguntas.
¿Y si hubiese sido un terremoto de magnitud considerable, donde más de un sólo edificio colapsara? Yo me imaginé parqueado en el último nivel de estacionamientos subterráneo de una plaza y sentí mucho miedo.
¿Y si esos daños se multiplicaran X5, o X10, o X20, o por más? ¿El gobierno cuenta con la estructura necesaria para rescatarnos a todos y atender tantos problemas a un mismo tiempo?
Se me puso frío el corazón y sinceramente no pude pegar los ojos.
Ahora investigando en la mañana, he visto las reiteradas ocasiones en que el Congreso de la República ha aprobado cientos de millones de dólares en préstamos destinados a catástrofes/desastres naturales, y la calculadora de mi computadora no aguantó tantos números.
Valoramos considerablemente los esfuerzos que está haciendo el gobierno para concluir esta encomiable labor, pero yo no dejo de preguntarme, ¿A dónde se ha ido todo este dinero?
Estoy seguro que, con una administración y uso correcto de esos fondos, los gobiernos (este y los anteriores) con la debida antelación y de manera permanente, para mitigar cualquier situación, producto de los fenómenos naturales que han ocurridos en los últimos años, habrían dispuesto de las herramientas y maquinarias necesarias (en esta ocasión empezaron sólo con 1 grúa, ya para la suerte de los afectados hay 3) y un capital humano preparado, y, sobre todo, con un salario digno, para evitar lo que ha estado sucediendo, que algunos de ellos (por suerte no son todos), se han aprovechado de las tarjetas de crédito, del dinero en efectivo, de las pertenencias y de la vulnerabilidad de las y los rescatados (mis comentarios sobre esa clase de personas me los voy a reservar).
No estoy buscando culpables, pero ¡Definitivamente, les aseguro si fuera como les digo, la dinámica de trabajo y el tiempo de respuesta se habría hecho notar!
Otras preguntas que me hice durante mi insomnio fueron las siguientes:
¿Nuestras infraestructuras (edificios, torres, supermercados, plazas, centros comerciales, etcétera), realmente serán lo suficientemente fuertes para soportar un terremoto, como, por ejemplo, el ocurrido en Haití?
¿Los órganos reguladores (que supervisan y aprueban esas obras), son lo suficientemente exigentes y estrictos al momento de conceder los permisos de construcción?
¿Esos organismos reguladores están supervisando adecuadamente las obras durante su construcción, luego de su construcción y durante todo el tiempo de operabilidad/funcionamiento de estas, así como de aquellas que tienen años de construidas?
¿Estas obras realmente están cumpliendo con los requerimientos antisísmicos?
Y por último y no menos importante,
¿Nosotros, como ciudadanos, nos hemos preparado lo suficiente, para cuando ocurra una catástrofe natural podamos actuar correctamente?
La respuesta a cada una de ellas, se las dejo a su consciencia. Yo, de manera particular, tengo dudas de dar una contestación totalmente afirmativa sobre ellas.
¡Que Dios nos guarde y siga protegiendo a los cuerpos con vida que aún yacen bajo los escombros y que le de confort a las familias que están a la espera y a aquellas familias que ya han recibido a sus parientes para darles el último adiós! ¡Paz a sus almas! ¡Y deseo de todo corazón que las autoridades hoy ya puedan concluir su labor, porque esto ha sido muy fuerte y angustiante para muchos dominicanos!













Excelente reflexión! De manera particular creo fervientemente en que las infraestructuras deben ser revisadas cada cierto tiempo! Los materiales con el tiempo se desgastan! Sobre todo nuestro país que se encuentra al nivel del mar! En donde el salitre y la polución están a la orden del día.