Nueva York. La mañana del 11 de septiembre de 2001, Yamel Josefina Meriño dejó a su hijo Kevin en casa de su madre antes de comenzar su jornada de trabajo.
Tenía 24 años, vivía en Yonkers y trabajaba como técnica de emergencias médicas para MetroCare Ambulance. Su hijo tenía apenas ocho años.
Minutos después de dejarlo, Yamel llamó a su madre, Ana Brito. Había olvidado darle dinero para la merienda del niño.
Fue una conversación cotidiana que, horas después, adquiriría otro significado.
Ese martes, mientras Nueva York comenzaba su jornada, dos aviones impactaron contra las Torres Gemelas. Yamel recibió la asignación de acudir al World Trade Center junto a un compañero de trabajo.
Cuando llegó el momento de decidir quién permanecería junto a la ambulancia y quién se dirigiría hacia la zona de las torres, Yamel se ofreció voluntariamente.
La información publicada por Diario Libre a partir del testimonio de su madre señala que fue uno de los primeros socorristas en llegar al World Trade Center. Se encontraba ayudando a personas que evacuaban la Torre Sur cuando el edificio se derrumbó.
“I gotta go”
Mientras las noticias sobre los ataques comenzaban a multiplicarse, Ana Brito intentaba comunicarse con su hija.
Finalmente, Yamel logró hablar con ella.
“I gotta go”, le dijo.
“Me tengo que ir”.
Fueron las últimas palabras que Ana recuerda haber escuchado de su hija.
Después comenzó una espera que se prolongó durante horas.
La familia buscó información en hospitales y esperaba que Yamel apareciera entre los sobrevivientes. Su jefe, Jim O’Connor, llegó a pensar que la joven había conseguido salir del lugar.
Pero Yamel no regresó.
Su cuerpo fue encontrado el 12 de septiembre.
Una madre y un hijo que quedaron esperando
Yamel no solamente dejó a su madre.
Dejó también a Kevin, su hijo de ocho años.
Las fotografías de aquel niño junto al féretro de su madre quedaron como una de las imágenes más dolorosas relacionadas con la tragedia para la comunidad dominicana.
Con el paso de los años, Kevin creció, pero la ausencia permaneció.
Su abuela contó a Diario Libre que su nieto llegó a decirle que a veces sentía que estaba olvidando la voz de su madre. Las fotografías le ayudaban a conservar su recuerdo.
Ana, mientras tanto, decidió permanecer en Nueva York. Según explicó, quería estar cerca del cementerio donde descansaba su hija.
No era solamente una víctima
La historia de Yamel tiene otro elemento que suele perderse entre las cifras del 11 de septiembre.
No estaba en las Torres Gemelas como empleada de una oficina.
Llegó como socorrista.
Su trabajo consistía precisamente en ayudar a personas en situaciones de emergencia.
El 9/11 Memorial conserva objetos relacionados con Yamel, incluido el uniforme que utilizaba como trabajadora de servicios médicos de emergencia.
Además, Diario Libre documentó que en el año 2000 fue reconocida como paramédico del año por su compañía y posteriormente recibió otro reconocimiento de la asociación de ambulancias del estado de Nueva York.
Una de las historias dominicanas del 11-S
Yamel fue una de las víctimas dominicanas de los atentados.
Los registros citados por Diario Libre señalan que 27 dominicanos fueron identificados entre las víctimas del 11 de septiembre, siete mujeres y 20 hombres.
Pero detrás de esa cifra había historias individuales.
Había padres que esperaban hijos.
Hijos que esperaban madres.
Familias que nunca volvieron a escuchar una voz.
Yamel tenía 24 años cuando murió.
Su hijo tenía ocho.
Su madre todavía esperaba verla regresar cuando terminó aquel día.
Han pasado décadas desde aquel 11 de septiembre, pero el nombre de Yamel Meriño permanece entre las historias que conectan aquella tragedia mundial con la comunidad dominicana de Nueva York.
Una joven que salió de casa para trabajar.
Una madre que esperaba que regresara.
Un niño que tuvo que crecer sin ella.
Y una última llamada que terminó con dos palabras que todavía resumen aquella mañana:
“I gotta go”.









