La Española es una de las pocas isla del mundo compartidas por más de un país, y, en el caso que nos ocupa, por dos naciones que incluso son totalmente distintas en cuanto al idioma, lo cultural, social y religioso. Independientemente, de estas características que nos distinguen y diferencian el uno del otro, históricamente ambos Estados han mantenido una relación comercial estable, aunque mayormente ha sido informal.
Hoy en día la situación de ese país ha ido cambiando, debido a que en los últimos años el comercio se ha visto afectado por la grave situación política de Haití, que ha venido empeorando, sin marcha atrás, desde el asesinato de su expresidente Jovenel Moise, hecho que ha marcado negativamente su progreso y desarrollo, impactando directamente en la economía de aquellos haitianos que suelen compran nuestros artículos desde la frontera, para la reventa y el consumo de sus compatriotas, así, como también, la de nuestros comerciantes y productores dominicanos que comercializan con dicha nación.
Ningún país del mundo, y lo decimos con mucha certeza y sin temor a equivocarnos, ha hecho y le ha dado más a Haití que, la República Dominicana, ni siquiera aquellos países, que en épocas pasadas y recientes se aprovecharon de todos sus recursos, sacándoles hasta su “último aliento”, han dicho “aquí presente” en las tantas asambleas y reuniones internacionales donde Haití ha sido el centro de atención, sólo la República Dominicana ha llevado la voz cantante, planteado permanente su gran preocupación en la búsqueda de soluciones para la situación política haitiana, y, muy pocos países, como Kenia, han salido en su apoyo, mientras que otros ni se inmutan o, se quedan en el “allante”.
El tiempo sigue pasando y Haití empeorando, asediado y amenazado constantemente por bandas que cada día que pasa toman mayor control de su capital, Puerto Príncipe. Esto no solo es una amenaza para Haití, también lo es para la República Dominicana, porque la inestabilidad de ese pueblo presiona y aumenta el flujo de inmigrantes, y, entre ellos, llegan cientos de parturientas haitianas que, en distintas zonas del país, siguen superando las labores de parto de las dominicanas, conforme las estadísticas recientemente publicadas.
A pesar de las constantes “cachetadas” que el gobierno haitiano le da al dominicano, ya sea con la suspensión del mercado bilateral, o con la construcción del canal en el río Masacre, o con la reciente prohibición de la importación de productos desde la República Dominicana, entre otras medidas que, evidentemente, perjudican a ambos países, nosotros seguimos colocándole el otro lado de la mejilla, luchando para que la Organización de Las Naciones Unidas (ONU) y los países de la región, se unan a esta causa para ponerle fin al estado de inestabilidad y sosiego en que viven nuestros vecinos.
A pesar de que, los y las haitianas dan a luz en nuestros hospitales, de que estudian en los liceos y escuelas de todo el país (lo cual representa millones de pesos para nuestro Estado), de que trabajan en la construcción, en la agricultura, compran propiedades, son motoconchistas, serenos, deliverys y realizan el comercio libremente, nosotros, sin esperar nada a cambio, les seguimos dando de todo, aunque nos duela, porque nos duele cuando nacional e internacionalmente nos llamen racistas, nos duele que nos llamen xenófobos y nos duele que nos llamen insensibles, indiferentes y un sinnúmero de calificativos, y más nos duele cuando Haití le ha hecho ver y creer al mundo que, la República Dominicana es en parte la responsable de toda su tragedia y su de su desgracia.
Lejos de lo que Haití pueda pensar de nosotros, como buenos vecinos, siempre querremos su estabilidad, y para ello cuenta con nuestro apoyo, dentro de la medida de nuestras posibilidades, tal como lo hemos manifestado y demostrado a lo interno y externo del país.
La paz política, económica y social que logre Haití, también será la paz nuestra.











